
«Hacerlo todo por una razón, hacerlo todo de modo que la razón resulte aparente y se justifiquen los medios en busca del fin es el primer principio del arte, en tanto que el primer principio de la moda es hacerlo todo sin mas razón que la de hacer algo diferente»*1
El ornamento como núcleo central del proceso decorativo ha sido estudiado desde el siglo XVIII por diversas disciplinas del conocimiento. Mucha tinta se ha consumido estudiando su comportamiento, y sus implicaciones en el ser social, y mucha mas se invertirá en tratar de dar con las razones que condujeron a nuestros ancestros a desarrollarlo.
Hoy por hoy es innegable la carga ritual que tuvo el ornamento primitivo como recurso para invocar la fertilidad del hombre y de su entorno, como un remedio infalible a un sinfín de calamidades, o como simple amuleto que diera garantía del orden y estabilidad del universo
Esta noción de estabilidad corre por debajo de los procesos de enmarcado, rellenado y vinculación de los ornamentos, así nuestro desarrollado sentido del orden nos obliga a verificar constantemente que "el sol salga por el horizonte, en la lógica mas simple, porque en los días anteriores lo ha hecho así" (Hume)
Tal vez esta sea la única noción que subsiste en la actividad ornamental de hoy en día, ya que nuestras artes decorativas han perdido gran parte de sus motivaciones primigenias, los valores que tuvieron como fetiche, como medios imprescindibles para alcanzar un fin, y han sido superado en aras de la iconoclastia posmoderna. Sin embargo esta afirmación no niega el caracter ritual que el ornamento pudiera tener hoy en día en la gran mayoría de manifestaciones religiosas. La ornamentación tal y como se practica hoy en día en el arte ligatorio es un signo sin mas anclaje con la realidad que el objeto de su representación (entrelazos, florones, cornucopias, etc.) nuestros hierros ornamentales han dejado de ser un elemento con vinculos mas allá de lo físico, convirtiéndose en un simple objeto de diseño
Esta ha sido la razón por la que exploro otra veta del oficio. "Ornamento y Delito" significó el rompimiento con un estilo, el Art Nouveau, que hecho raíces en el diseño del siglo XIX en la arquitectura y el diseño gráfico; plantea de manera tajante la imposibilidad de nuestras generaciones de crear ornamentos, somete a juicio el valor del ornamento en una época carente de estilos y pone en duda nuestra capacidad de encontrar deleite en ellos, argumento que el encuadernador e impresor T.J. Cobden Sanderson ya había citado, cuarenta años atrás, respecto al trabajo de William Morris
«No creo que el placer de un trabajo lo produzca la ornamentación, ni tampoco creo que la ornamentación tengan un privilegio especial para la consecución de la felicidad. La ornamentación nace de una facultad que puede o no estar precedida, acompañada o seguida por la felicidad»
Para entender los motivos ornamentales de los estilos ligatorios del pasado es necesario tomar en cuenta que el ornamento se constituyó como un código inseparable que atendía a ciertos fines, y en cuanto tal, es necesario estudiarlo en cada una de sus partes. De este modo podremos avanzar con paso firme para comprender los mecanismos que llevaron al arte ligatorio a evolucionar en la actualidad y las nuevas ideas que influyeron en la proyección de la encuadernación moderna y contemporánea
A continuación y a modo de prólogo al ensayo de Adolf Loos coloco una breve introducción del historiador y teórico del arte E.H. Gombrich publicada en el libro "The Sense of Order" que nos ubica en la corriente de pensamiento de este arquitecto austriaco pionero de la arquitectura moderna

