Lo ocurrido en una semana como esta, la semana santa, y su influencia en una buena parte de la historia manuscrita occidental y en la historia del libro impreso (no hablemos ya del arte en general) fue un crisol donde se forjó un ingente caudal de pensamientos que aún permean entre nosotros. De forma aislada, la rica iconografía religiosa que contemplamos a diario fue materia obligada de muchos artesanos "como un esfuerzo de abrir los ojos del espíritu a la contemplación de lo suprasensible" dice J. L. Checa Cremades
Hay muy buenas lecciones de vida en todo lo que sucedió, me quedo con eso, y de las encuadernaciones de aparato con la que se vistieron a numerosos libros en oriente próximo y en Europa hay que reconocer la capacidad proyectiva, destreza manual y la paciencia en la ejecución de los artesanos que las manufacturaron.
Al contrario San Jerónimo que en una carta a San Eustaquio comentó sobre estos objetos:
Inficientur membranae colore purpureo, aurum liquescit in hueras, gemmis códices vestiuntur, et nudus ante fores Christus emoritur
"Coloreáis los pergaminos con púrpura, escribís cartas con oro líquido, vestís los libros con gemas, pero Cristo ha muerto desnudo delante de vuestras puertas"
Es posible que sigamos en un mundo de "Aparato" y que rara vez se reflexione en lo esencial sin dejar de pensar en la ornamentación, pero esa nunca ha sido una opción para el encuadernador... cuando menos el que trabaja por encargo.
