
Cosas para comentar en la industria editorial contemporánea no faltan, hace unos días a modo de ejemplo, elaboré una maqueta para el libro de un amigo fotógrafo, el ejemplar estaba impreso a contrahilo con el afán de economizar papel. Esto sucede desde que los diezmados bolsillos de los editores se dieron cuenta que podían economizar papel pero arriesgando, en consecuencia, la estructura del libro encuadernado.
No soy del tipo que guste de quejarse por estas inercias en la calidad del libro, pero el caso que les presento a continuación amerita, dado mi oficio, hacer una llamada de atención.
¿Quien no recuerda los famosos
Crisolines? aquellos libros de
Editorial Aguilar que por los años 40 hicieron gala de la mejor producción editorial en el mundo de habla hispana, ni hablar de sus autores, buen papel, excelente impresión, mejor costura, un refuerzo notable en la lomera para una encuadernación industrial y lo mejor de todo, una cartera en plena piel de cabra que aseguraba al conjunto una belleza, y permanencia en el tiempo, francamente inalcanzables para su época.
En la imagen un Crisolin del año 1961 encuadernado en piel entera color marrón Editorial Aguilar en el afán de revivir viejas y notables glorias, lanzó hace un par de semanas en México y España la
Colección Crisol XXI. Y asi, en el empaque de su primera entrega, destacan las siguientes caracteristicas:
"Un formato exclusivo e inolvidable para los autores mas prestigiosos de habla española"
"Elegante encuadernación en auténtica piel"
"Estampación en oro y plata"
Para ser sincero me convencieron dos aspectos, los que celebré en su momento y sin embargo, el segundo recurso nos pareció a Mireya Badillo y a mi, poco menos que increíble... el que dichas miniaturas pudieran estar encuadernadas en piel haría de esta nueva colección, de ser cierto, una proeza editorial.
Compramos la entrega que incluye un Saramago y un Cervantes y cada quien tocó, abrió, olió y rascó el recubrimiento de las miniaturas, el resto fue desilusión,
un hule imitación cuero, muy buen material si se ve desde el punto de vista práctico,
pero hule al fin y al cabo, regresé a mi taller para corroborar si, en algún momento, mi examen visual había sido equivocado.
Desmonté la cartera del libro y apliqué calor. La piel auténtica se hubiera carbonizado lentamente, nuestra falsa piel se deformó y estiró por el calor No nos va la vida si los libros parecen forrados en piel y no lo sea, pero dice mucho de los responsables, y en nada ayuda a percibir una buena encuadernación. Lo que me lleva sin ánimo de molestar a preguntarle a Editorial Aguilar
¿Les parece divertido, rentable y honorable engañar de este modo a sus lectores?