
Por Marina Garone Gravier
Notas para una genealogía de las impresoras novohispanas
Para entrar en el terreno que nos interesa, se requiere una referencia, por lo menos general, de la situación social de la mujer durante la época colonial. Los territorios americanos conquistados constituyeron un agregado multiétnico y multilingüe, dos hechos distintivos y fundamentales que contrastaron respecto de la península. Nueva España estaba organizada bajo una fuerte jerarquía vertical pero a diferencia de España existía la posibilidad de movilidad social. Esta flexibilidad estaba asociada, entre otras cosas, al tipo de relaciones familiares que se desarrollaron desde el inicio del establecimiento colonial, por los vínculos entre europeos y nativos que dio como fruto la creciente población criolla. Dentro de este marco social había principalmente dos imágenes contrastadas de mujer: la que habitaba el "interior", dedicada a las labores domésticas o religiosas, y la "exterior", con cierta independencia para manejar sus propios asuntos.
Las dos imágenes, a su vez, tenían un correlato legal y civil: la dependencia y la independencia 6. En el primer caso la mujer dependía del padre, del marido (en calidad de esposa) o de la iglesia (en calidad de monja); en el segundo, la mujer era independiente por soltería (si a los 25 años de edad no se había casado), separación legal (en los casos comprobados de maltrato o vicio del cónyuge varón) o viudez. La enfermedad del marido también impedía la aplicación de su tutoría sobre la mujer. Asimismo, existía el caso de mujeres casadas que gestionaban la autonomía en el manejo de sus bienes, con el consentimiento del marido, inclusive esta situación podía ser una condición prematrimonial, de manera que la dote funcionaba como un "seguro" ante las posibles dificultades de la vida.