"Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora, tiempo de nacer y tiempo de morir, tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado" Pero a veces se da la sincronía -y debajo de este cielo hay momentos para todo- brillando el sol al mismo tiempo para el encuadernador "Conservador" y para el conservador-encuadernador.
- El encuadernador "Conservador" malentiende la tradición y usando cola de la peor calidad ha pegado sus libros desde el comienzo; el conservador-encuadernador se preocupa por elegir el adhesivo mas inocuo para sus restauraciones.
- El encuadernador "Conservador" sigue pensando que la historia de su oficio empezó con Grolier y que coser y forrar son solo molestos pasos para llegar al dorado del libro; el conservador-encuadernador no siempre toma por asalto una vieja costura, no arranca sus tapas y queda satisfecho de una encuadernación que goza de buena salud.
- El encuadernador "Conservador" pega las guardas sin hoja de protección, y por desgano le quedan burbujas de aire, como es heredero de dos generaciones le resta importancia y dice
"solo los libros que valen la pena merecen mi atención"; el conservador-encuadernador no distingue primeras ediciones de aquel humilde librito que alguien le ha encargado, simplemente realiza su trabajo
- El encuadernador "Conservador" no se preocupa mucho por aprender nuevas costuras, bordar cabezadas o llamar a las cosas por su nombre; el conservador-encuadernador se sumerge en un complejo océano de términos y procedimientos acordes al libro que tiene en las manos.
- El encuadernador "Conservador" conserva su taller pletórico de mugre, papeles demasiado ácidos y viejos, un mandil tan sucio de cola que podría funcionar como chaleco anti-balas, y una mesa o dos, tan llena de cosas que hace necesario trabajar sobre una tabla encima de la prensa de cajos; el conservador-encuadernador mantiene su taller a término medio... trabaja y ordena.
- El encuadernador "Conservador" usa sin distinción el cajo
"si el libro no lo tenía ni me acuerdo"; el conservador-encuadernador prohibe a ratos mencionar la palabra, pero en el extremo, no reflexiona que hay deterioros que hacen mas daño al libro que este vilipendiado pliegue en el lomo.
- El encuadernador "Conservador" hace lo que le pidan... si el viejo libro en pergamino carecía de nervios
¿Cuantos me ha dicho que le ponga?; el conservador-encuadernador se rehusa a
lesa ligatoria, explicando los motivos por los que no resulta ético desvestir a un viejo libro para satisfacer los caprichos del bibliófilo (Zaenhsdorf accedió a reencuadernar el
Codex Sinaiticus al no tener mas protección que una caja).
- El encuadernador "Conservador" piensa que hay dos etapas históricas "antes de su taller" y "después de su taller"; el conservador-encuadernador no deja nunca de aprender, reconoce sus fallas y salvo ciertas circunstancias donde
"el tuerto se ha coronado monarca de los ciegos y Dios me guarde" se ejercita compartiendo lo que sabe sin cortapisas ni distingos.
Quede claro, como en las películas, que cualquier parecido de mis personajes con la realidad no es mas que mera coincidencia.